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Lo que tenemos y lo que nos hace falta



Nuevamente somos convocados para celebrar el día de una de las actividades que más potencia el desarrollo y la pujanza de los países y en la que nuestra Ciudad-Puerto está profundamente comprometida e involucrada. Desde nuestro lugar hemos manifestado, con fundado optimismo, que avizoramos la venida de tiempos promisorios para Bahía Blanca y la región, pero que, desde nuestras fortalezas y lo que tenemos, debemos colocarnos en posición demandante sobre las cuestiones que hacen falta para provocar un futuro mejor.

Ya hace más de cuatrocientos años desde aquel 2 de septiembre de 1587 cuando, como hecho memorable y trascendente para la industria argentina, partió del Puerto de Buenos Aires la nave San Antonio, rumbo al Brasil, llevando a bordo el primer embarque para exportación de nuestra historia, con productos textiles y dando nacimiento a nuestra Aduana.

A menos de un siglo de la llegada de los europeos a América, y aún en un entorno de economía todavía artesanal, pre capitalista y bastante básica, aquellos primeros argentinos por adopción tuvieron la visión, el coraje y sobre todo la voluntad de generar una producción que excediera su propio consumo y el de su mercado interno, para lograr la exportación de sus manufacturas.

Siglos después, en un país que llegó a ser considerado el granero del mundo por su capacidad de producción agrícola, la industria nacional sigue planteando desafíos estratégicos que le permitan continuar generando trabajo y justicia en la distribución del ingreso, promoviendo la expansión de la mayor cantidad posible de pequeñas y medianas empresas ya que, más allá de las grandes industrias de base, aquéllas son las mayores creadoras de mano de obra en el país.

Estamos en el camino de la consolidación de una nueva generación de argentinos pujantes, emprendedores y capaces, que logren emular a aquellos primeros luchadores que se sobrepusieron a infinitas dificultades para abrir, a los ojos del mundo, nuestra capacidad productiva.

Tiene un carácter particularmente simbólico que la industria nacional haya establecido su día de celebración conmemorando la primera exportación argentina. Así se ratifica el valor estratégico del comercio exterior y, en particular, la capacidad de un país de relacionarse y venderle al mundo lo que es capaz de producir. La fuerza exportadora es uno de los indicadores más sobresalientes del potencial de una nación, uno de los principales motores de desarrollo y un factor decisivo de progreso.

Lo que tenemos

En los últimos años, hemos avanzado notoriamente en el país, en la provincia y en nuestra ciudad, junto con su entorno regional. El crecimiento de la producción agropecuaria y de los parques industriales en funcionamiento; la creación de otros nuevos y de diversos y especializados distritos productivos en toda la provincia; el avance del fomento y respaldo a la ciencia y tecnología; y las políticas apuntadas a un proceso de fuerte industrialización de la Argentina; son los elementos decisivos que nos colocan en el camino de un desarrollo sostenido y sustentable.

Contamos con tres políticas estratégicas en pleno desarrollo que consideramos deben ser tratadas y gestionadas como cuestión de Estado:
En primer lugar, la puesta en marcha por parte del gobierno nacional del Plan Estratégico Industrial 2020. Un ambiciosos programa que contiene políticas generales y sectoriales para duplicar el Producto Interno Bruto (PIB) industrial y llegar a los 140 mil millones de dólares, con un crecimiento anual de cinco por ciento. Busca, además, crear 1,5 millones de puestos de trabajo, un aumento de la inversión al 28 por ciento del PIB, y sustituir importaciones por el equivalente al 45 por ciento de lo que el país adquiere en mercados externos actualmente.

En segundo lugar, el Plan Estratégico Productivo de la Provincia de Buenos Aires (PEPBA) 2020, en sintonía con el programa nacional, viene trabajando activamente a través del Ministerio de Producción, Ciencia y Tecnología en el crecimiento industrial de la provincia, potenciando el desarrollo de más parques industriales, el aumento de las cadenas de valor que aumenten el valor de nuestras exportaciones y sustituyan importaciones, la creación de centros educativos de formación productiva y promoviendo el aumento de las relaciones internacionales en la búsqueda de más mercados para nuestros productos. Se ha puesto especial énfasis en el desarrollo portuario de la provincia con la promoción de más inversiones privadas que sustenten este potencial exportador.

En tercer lugar, el incesante crecimiento de nuestro puerto de aguas profundas, que acaba de aumentar su calado a mayor profundidad convirtiéndose definitivamente en único en su tipo en el país para recibir las naves de mayor porte existentes en el mundo. Nuevas radicaciones, nuevos destinos y mayor capacidad de operación y carga lo ponen en el camino de llegar a corto plazo a superar la marca de las treinta millones de toneladas anuales.

Tenemos una ciudad, una región, un polo industrial y un complejo portuario, complementado con su zona franca, que están llamados a ser protagonistas principales en el sostén de esta política de crecimiento.

El puerto de Bahía Blanca apunta al aumento de su capacidad operativa mediante la atracción de nuevas inversiones en su territorio e incrementando sus volúmenes año tras año, captando, como principal puerto de completamiento de la Argentina, cada vez una mayor proporción de nuestra producción granaria. Debemos aspirar a exportar por Bahía un mayor volumen, no sólo por completamiento sino por carga total y, además, agregando capacidad de procesamiento industrial, ya sea para la producción de aceites o biocombustibles.

Tenemos ahora la oportunidad de desarrollar nuevas inversiones en nuestro puerto y la región cercana para aumentar nuestra participación y aporte a las necesidades nacionales de energía provenientes del gas y la electricidad, ampliando la capacidad operativa y territorial de nuestro puerto y contribuir a la creación de empleo de calidad.

Lo que nos falta

Ahora bien, si por un lado es cierto que en la jerga habitual de los puertos se habla de “Su Majestad: La Carga” y las principales acciones de sus administradores conducen a aumentar sus volúmenes, exportar más, mejorar la velocidad operativa, disminuir los costos; es decir, mejorar la competitividad en todos sus aspectos; por otro lado, también sostenemos que de nada serviría continuar creciendo en las capacidades internas si la carga no llega mejor, más rápido y seguro a los puertos.

Cada día cobra mayor relevancia la función logística de los puertos. Estos ya no son unidades aisladas que sólo esperan la llegada de la carga desde los centros de producción y se desentienden de cómo los productos llegan a quienes los demandan o consumen.

Los puertos son los principales nodos de la red física del transporte marítimo, pero serán competitivos y cumplirán su función siempre y cuando sean capaces de ofrecer al comercio internacional y a las líneas navieras, servicios rápidos, flexibles y seguros. Los puertos modernos deben formar parte de las cadenas logísticas de producción, transporte y distribución, y no desarrollar sus actividades como un eslabón independiente.

La consideración de un puerto desde una perspectiva logística significa que no sólo se deben tener en cuenta las actividades que se desarrollan en el entorno del ámbito portuario, sino también la influencia que estas actividades tienen sobre el transporte anterior y posterior al mismo. La cadena logística no comienza en los puertos. En realidad, comienza en el lugar de producción de la materia prima y va hasta los centros de consumos en los países de destino.

Debemos recuperar nuestro transporte de cabotaje marítimo, por ser más económico y sustentable con el medio ambiente; debemos incrementar nuestro transporte ferroviario y descomprimir el transporte por camiones a largas distancias; debemos mejorar nuestra infraestructura vial construyendo autovías de varios carriles y con accesos especiales a los puertos.
Tenemos muy claro, en una Ciudad-Puerto como Bahía Blanca, este desafío logístico porque reviste una importancia trascendente donde deben confluir las mejores prácticas asociativas entre la inversión privada y los esfuerzos del estado para acompañarlas.

Apuntamos, como en la mayor parte de los puertos modernos del mundo, a la creación de las denominadas Zonas de Actividades Logísticas (ZALs), porque éstas son las herramientas idóneas para cumplir con este objetivo integrador de los puertos a una cadena virtuosa desde la producción hasta el consumo, agilizando las operaciones y aportando valor agregado al movimiento general de las cargas.

Este es el camino de crecimiento que transita, a través de su Consorcio de Gestión, nuestro puerto de Bahía Blanca. Nos encontramos precisamente, a través de la cesión de tierras por parte de la provincia de Buenos Aires, en tiempos de definiciones de algunos territorios cercanos al puerto que son aptos para la creación de una ZAL. Será un paso estratégico que permitirá continuar consolidando su calidad como uno de los más importantes del país y del mundo.

Vamos en la búsqueda de aumentar las exportaciones por Ingeniero White y seguiremos trabajando para que los aspectos que lo relacionan con la ciudad que lo contiene sean cada vez mejores y concretos. Pocas ciudades del mundo tienen el privilegio de contar con un puerto y muchas menos contar con uno que sostenga una gestión exitosa durante tantos años como es nuestro caso.

Los objetivos que nos hemos propuesto necesitan del respaldo y el sentido de valor que deben darle el estado, la ciudad, la región y su gente, porque felizmente todos han comprendido desde hace tiempo que el puerto es bueno para la ciudad, para la provincia y para el país.


Artículo escrito por el Cr. Hugo Antonio Borelli, Presidente del CGPBB,
para La Nueva Provincia del 6/11/2013, suplemento especial
por El día de la Exportación.